El viento rugía transportando un aroma que cambiaría el mundo. En la penumbra de los bosques, un Sombra de pelo carmesí y ojos granate aguarda junto con doce úrgalos de brazos gruesos y cuernos retorcidos acechando entre los arbustos. La emboscada es perfecta.
Tres jinetes élficos emergen de la oscuridad. Entre ellos destaca una elfa de cabellera azabache, custodiando con recelo una bolsa sobre su regazo. Un destello rojo, un grito de guerra en la lengua antigua —¡Garjzla!— y el bosque estalla en llamas. Antes de caer, la elfa alza un gran zafiro y pronuncia un último hechizo. En un fogonazo esmeralda, la piedra desaparece, dejando al Sombra con una victoria amarga y un misterio que cruzará montañas.